Según Wikipaila, Melgar fue fundada por Hernán Pérez de Quesada, el señor que iba con toda la familia al concurso del comercial de chocolate. Sin embargo, fuentes más fidedignas nos informan que, en realidad, fue fundada por dos familias prestantes de la capital: Los Cafam y los Colsubsidio. Estas dos familias, antes de juntarse en un embeleco institucional repartidor de pastillitas para el dolor, eran rivales a muerte. Hagan de cuenta una guerra partidista pero sin tantos tajos de machete, lo que no significa que haya sido una lucha sin violencia. De hecho, fue una guerra más sucia que una piscina de hotel barato, sin circulación de agua y con tratamiento a base de Clorox ropa color.
Otra de las problemáticas ambivalentes del municipio, es el cada vez más próspero turismo sexual. Y no se trata sólo de las parejas o grupos grandes de amigos del colegio que viajan a Melgar a tener sexo todos los días. También estamos frente a un problema de grandes proporciones internacionales: la prostitución, la explotación sexual y los videos de baja calidad, bajados por emule, sobre los rituales reproductivos de los militares gringos y las nativas melgareñas. Una cosa es la desinhibición sexual en complicidad con el calor, el desafío constante a la mirada acusadora de la familia y las religiones dominantes, y otra cosa muy distinta es que el imperialismo yanqui se ejerza también en la cama de las tolimenses.
Eso no lo podemos permitir, y los canales privados saben que deben denunciar el hecho y aprovecharlo para evitar denunciar otros escándalos, no menos graves, relacionados con los dueños del aviso, los mercenarios que contrataron para imponer la paz y sus amigos del Palacio. Es por eso que nuestro siempre arriesgado amigo Manuel Teodoro, con ese tesón investigativo que lo caracteriza, decidió documentar la problemática, metiéndose con sus cámaras escondidas hasta el meollo del asunto. En este punto, es bueno recordar que cada canal tiene su bufón personal para escandalizar con ciertos temas, hábilmente seleccionados, que buscan manejar la indignación de la gente. ¿Cómo es posible que haya niños, hijos de soldados del plan Colombia, que no conozcan a sus padres? ¿Cómo es posible que a uno le roben la cámara si se mete a un barrio deprimido en una zona turística? Deberíamos movilizarnos y mostrar nuestra indignación con camisetas blancas de 15 mil pesos, uniformemente estampadas con el logo del canal.
Al lado del señor de los raspados, aquel agua congelada del río Sumapaz, rayada con una puntilla oxidada y combinada con azucares de todos los colores y sabores, Manuel hacía sus caritas con esos ojos indios que se gasta, todo por amor al periodismo, a los tacones de 10cms y al raspado de limón. Íbamos a pedirle algunos detalles sobre su “investigación” pero tuvimos que dejarlo, porque “le estábamos espantando los clientes”, según sus propias palabras. A los diez minutos, un extranjero panzón lo abordó, por lo que dedujimos que el disfraz funcionó a la perfección y que Manuel pudo tener el material suficiente para su programa mamón de domingo en la noche. No lo supimos con certeza, porque a esa hora dan Dejémonos de Vainas. ¿O eso era hace 15 años?
A la postre, el curso de los acontecimientos resultó positivo para las dos familias protagonistas de este cuento tropical. Y cuando sus miembros principales se dieron la mano para fundar Famisanar, zanjar diferencias y permitir los toros de los unos fecundaran a las vacas de los otros, todo estaba perfecto. Si alguien quería disfrutar al máximo de Melgar, alquilaba una casa en Cafam y se iba un día completo para Piscilago. Por la noche dormía en la casa alquilada y al otro día pasaba un momento en familia, tomándose fotos al lado del palacio de princesita y su rosado nauseabundo.
O simplemente, podía ir a quedarse en un hotel barato durmiendo en una colchoneta a rayas azules y blancas, infectarse el oído medio, desayunar con hamburguesas, ser víctima de los zancudos que se beben su sangre dulce montañera, consumirse medio salario en una semana y regresar a la ciudad falsamente renovado, enrojecido y con los ojos y oídos a punto de supurar. Sin embargo, si algo bueno se puede sacar de todo esto, de esas largas horas de viaje y de ver la nariz del diablo por la ventana trasera cubierta con cortinas de un bus, es que durante todo ese tiempo usted y los seres humanos que lo acompañaban, dejaron de ser un peligro para el planeta y para la especie. No hay nada mejor del clima Melgareño que esas incontenibles ganas que dan de no hacer nada. Ojalá todos los líderes del mundo tuvieran sus vacaciones melgareñas perpetuas, a ver si se soluciona en algo la situación.
Mientras tanto, recuerden que somos los únicos autorizados para vender los minutos a 200. Todos los demás oportunistas, tienen que pedirnos permiso para cobrar esa tarifa y pagarnos el impuesto correspondiente. Recuerden que los impuestos garantizan la salud y la educación de miles de personas.




